Es este 14 de febrero, sí. Pero el Día Mundial de la Radio bien podría haber sido el 14 de septiembre: aquel día, pero en 1923, Luis Ángel Firpo tiró del ring al campeón del mundo Jack Dempsey, y miles explotaron de euforia aquí, en Buenos Aires, siguiendo a través de radios a galena lo que sucedía allá lejos, en el Ground’s Stadium de Nueva York. El combate duró solo cuatro minutos. El Toro Salvaje de las Pampas perdió, pero se convirtió en leyenda. Muchos salieron a celebrar cuando la pelea aun no había terminado. Y  las transmisiones deportivas radiales entraron en el corazón de los argentinos.

Como éste, muchos hitos asocian la radio con distintos acontecimientos nacionales. El hito de Los locos de la azotea (los jóvenes radioaficionados Enrique Telémaco Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica), responsables de la primera transmisión radial con continuidad a nivel mundial, el 27 de agosto de 1920 en el Teatro Coliseo. O los radioteatros de las décadas de 1930 y 1940, con figuras como Niní Marshall, Hilda Bernard, Oscar Casco y una tal Eva Perón, entre otros.

Pero este racconto, más arbitrario e injusto que cualquier otro -¿cómo incluir a tantos, en tan pocas líneas?-, se focalizará en cuatro grandes referentes de la radio argentina, a conciencia de que muchos quedarán afuera…

Antonio Carrozi dio vueltas las vocales finales de su apellido para alcanzar la fama: nacido en Coronel Villegas en 1926, Tony -como lo llamaban sus amigos- debutó en los estudios de Radio El Mundo como Antonio Carrizo. “La radio me dio absolutamente todo”, diría en más de una ocasión quien fuera distinguido en 2012 como “Maestro de Radio”, en los Premios Eter. Y el estudio mayor de Radio Nacional lleva el nombre de quien fuera -también- un fervoroso hincha de Boca.

Pero quizás sea Héctor Larrea -los dos párrafos siguientes serán  suyos por completo- quien acercó la definición más acertada de Antonio: “Fue una figura demasiado grande, fue quizás el más grande locutor que hayamos tenido”. Poseedor de una cultura eximia, en el libro Borges, el memorioso Carrizo transcribió una decena de conversaciones que mantuvo con Jorge Luis Borges en Radio Rivadavia. Demasiado talento junto. Murió el primer día de 2016, a los 89 años.

Héctor Larrea tenía seis años cuando, en su Bragado natal, aprendió con su padre a manejar el dial de onda corta para recibir transmisiones en inglés, francés o alemán. A los 13 participaba de las transmisiones radiales de su ciudad. Decidido a convertirse en locutor, le escribió a Carrizo para saber qué necesitaba para lograrlo: “Tener estudios secundarios completos”. Los cumplió en medio de una adolescencia cargada de carencias: su primer sueldo como empleado en la administración de un frigorífico lo destinó a pagar una deuda familiar con el almacén y a comprar una estufa de kerosene con fuelle.

“Después nunca más tuve compromisos incumplidos -dijo hace poco-, y eso se lo debo a la radio”. Bastante más difícil es encontrar la dimensión exacta de lo que la radio le debe a él… En plena actividad a los 79 años (en Radio Nacional), y con más de medio siglo de trayectoria, el creador de Rapidísimo no piensa en el retiro.

Juan Alberto Badía perdura en la memoria. Nacido en Ramos Mejía en la primavera de 1946, heredó la vocación de su papá locutor, Juan Ramón. La prolífica carrera de este amante de Los Beatles -siempre buscó difundir las obras de los artistas- se inició con una suplencia en Radio Antártida. Y a mediados de los 80 le dio un gran empujón a un joven muy pujante: Marcelo Hugo Tinelli.

Muy querido por sus colegas y compañeros, Juan Alberto murió el 29 de junio de 2012 habiendo dejado su impronta también en la televisión. Pero el 29 de noviembre de 2017, día que hubiera cumplido 71 años, se lo recordó con un hashtag en Twitter -#BadiaEnElAire propuesto por su hija Jazmín- que funcionó a modo de merecido homenaje 2.0.

Chacho Fontana le debe el nombre real -el Norberto Palese que figura en su acta de nacimiento, el 23 de abril de 1932- y también el artístico a su mamá. Porque ella lo acompañó a su debut en Radio El Mundo y al terminar, quiso agradecerle la oportunidad a un directivo de la emisoira: “Muchas gracias por todo lo que hace por Cacho”. Y… ¡listo! Desde entonces fue Cacho Fontana.

Tenía 18 años cuando tomó un micrófono por primera vez. Y es dueño de una de la trayectorias más largas del medio, con programas inolvidables como Fontana Show, en Radio Rivadavia, que tuvo su versión televisiva. Hoy, Cacho atraviesa una delicado momento de salud. Alumno de Carrizo, como él mismo se define, destaca a Larrea por su “magia particular en el diálogo con la gente”. Y le quedó un sueño trunco: un programa de doce horas conducido, en turnos, por los tres. De haberse dado, no habría dudas: esa fecha tendría que haber sido nombrada el Día Mundial de la Radio.

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